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¿Quién Mató A Jesús Según La Biblia?
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| Un crucifijo de madera envejecido por el tiempo, mostrando las marcas del desgaste, pero aún transmitiendo su poderoso simbolismo. Image by Stefan Schweihofer from Pixabay |
¿Quién mató a Jesús? Esa pregunta ha generado debate durante siglos, especialmente cuando el tema es representado en películas o discutido en círculos teológicos. Películas como La Pasión de Cristo de Mel Gibson y El Evangelio de Juan han sido criticadas por cómo presentan la participación de los judíos en la muerte de Jesús.
De hecho, algunos han utilizado esa participación como excusa para promover el antisemitismo, culpando completamente al pueblo judío por la crucifixión. Sin embargo, el odio hacia los judíos, o hacia cualquier grupo, es contrario a las enseñanzas de Jesús.
Él mismo nos enseñó a amar incluso a nuestros enemigos (cf. Mateo 5:43-45). Pero la verdad es que la muerte de Jesús fue mucho más compleja y no puede atribuirse únicamente a los judíos.
El relato de la crucifixión involucra a varias partes, desde los romanos hasta los judíos, y cada uno jugó un papel importante. Pero al final, el propósito divino fue el motor principal detrás de la muerte de Cristo. Veamos con más detalle quién fue realmente responsable.
¿Fueron los Romanos?
Los romanos, representados principalmente por Pilato, jugaron un rol significativo en la crucifixión de Jesús. Bajo el dominio romano, los judíos no tenían la autoridad para ejecutar a nadie. De hecho, cuando los líderes judíos arrestaron a Jesús, tuvieron que entregarlo a Pilato, el gobernador romano, para que él diera la orden de crucifixión (cf. Juan 18:28-31).
Fue Pilato quien finalmente cedió ante las demandas de la multitud y ordenó la crucifixión de Jesús (cf. Juan 19:16). Los soldados romanos fueron quienes llevaron a cabo la crucifixión, clavándolo en la cruz y asegurándose de su muerte (cf. Juan 19:17-18, 23, 31-34, 38).
Sin embargo, incluso Jesús indicó que la mayor responsabilidad no recaía sobre Pilato. En su conversación con Pilato, Jesús señaló que aquellos que lo entregaron a los romanos tenían una culpa mayor (cf. Juan 19:10-11). Esto nos lleva a preguntar, ¿fueron los judíos los verdaderos culpables?
¿Fueron los judíos totalmente responsables?
Es cierto que los judíos desempeñaron un papel fundamental en la crucifixión de Jesús. Fueron ellos quienes lo entregaron a Pilato y quienes insistieron en que fuera crucificado (cf. Juan 19:11-15).
Incluso asumieron la responsabilidad de sus acciones cuando dijeron: "Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos" (cf. Mateo 27:22-25). Además, el apóstol Pablo, quien anteriormente persiguió a los cristianos, también culpó a los judíos de Judea por la muerte de Jesús (cf. 1 Tesalonicenses 2:14-15).
No obstante, la muerte de Jesús no fue solo el resultado de las acciones humanas. Según el apóstol Pedro, Jesús fue "entregado por el determinado consejo y el previo conocimiento de Dios" (cf. Hechos 2:22-23). Es decir, tanto judíos como romanos fueron instrumentos en el plan soberano de Dios para la redención de la humanidad.
Aunque los judíos y romanos no eran plenamente conscientes de la magnitud de su pecado, Jesús entendía que su muerte era parte del propósito divino. Él sabía que su sacrificio era necesario para cumplir la voluntad de su Padre (cf. Mateo 26:36-42). En la cruz, incluso pidió perdón para aquellos que lo crucificaron, reconociendo que "no saben lo que hacen" (cf. Lucas 23:33-34).
¿Fue Dios quien mató a Jesús?
La respuesta a esta pregunta es, en cierto modo, sí. Pero no en el sentido de que Dios actuó directamente para matar a su Hijo, sino que fue parte de su plan desde el principio. Jesús vino al mundo para morir, y esa muerte fue la forma en que Dios decidió proveer salvación para la humanidad.
Isaías profetizó que el Siervo Sufriente sería herido por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados (cf. Isaías 53:4-6, 10-12). El derramamiento de la sangre de Jesús fue necesario para el perdón de los pecados, tal como Él mismo lo explicó durante la última cena (cf. Mateo 26:26-28).
Sin embargo, no podemos ignorar nuestra propia responsabilidad en la muerte de Jesús. Como enseña la Escritura, "todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (cf. Romanos 3:23). Por tanto, no solo los judíos o los romanos son responsables de la muerte de Jesús; todos los que hemos pecado tenemos una parte en ese evento.
Fue nuestro pecado lo que llevó a Jesús a la cruz. Como dijo Pedro en su sermón en Pentecostés, aunque los judíos y los romanos crucificaron a Jesús, Dios permitió que esto sucediera por el bien de nuestra salvación (cf. Hechos 2:36-38). Ahora, gracias a ese sacrificio, el perdón está disponible para todos los que se arrepientan y crean.
¿Estamos crucificando a Jesús de nuevo?
Una pregunta aún más desafiante es si, de alguna manera, seguimos crucificando a Jesús hoy. El escritor de Hebreos advierte que aquellos que, después de haber sido iluminados por la gracia de Dios, vuelven a pecar deliberadamente, están "crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios" (cf. Hebreos 6:6). Esta es una advertencia seria para todos los creyentes.
Aunque Dios es misericordioso y siempre está dispuesto a perdonar, si persistimos en el pecado sin arrepentirnos, corremos el riesgo de rechazar la gracia de Dios y, simbólicamente, crucificar a Jesús nuevamente.
Debemos examinarnos constantemente para asegurarnos de que no estamos tomando la gracia de Dios en vano (cf. 2 Corintios 6:1-2). Si estamos viviendo en pecado sin arrepentimiento, estamos negando el sacrificio de Cristo y volviendo a clavarle en la cruz.
Sin embargo, la buena noticia es que el perdón está siempre al alcance de aquellos que se arrepienten y confiesan sus pecados (cf. 1 Juan 1:9). Pero este perdón no debe tomarse a la ligera, pues aquellos que persisten en el pecado con un corazón rebelde se arriesgan a enfrentar el juicio de Dios (cf. Hebreos 10:26-31).
Entonces, ¿quién mató a Jesús? Los romanos y los judíos ciertamente tienen su parte de responsabilidad. Pilato dio la orden, y los líderes judíos insistieron en su crucifixión. Pero al final, fue nuestro pecado lo que llevó a Jesús a la cruz. Dios, en su amor y sabiduría, permitió que su Hijo muriera para que pudiéramos ser perdonados.
La verdadera pregunta que debemos hacernos hoy es: ¿Estamos crucificando a Jesús de nuevo? Si estamos viviendo en pecado sin arrepentimiento, la respuesta es sí. Por eso, debemos asegurarnos de vivir en una continua actitud de arrepentimiento y gratitud por el sacrificio de Jesús, de modo que no recibamos la gracia de Dios en vano.
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