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Podcast: Bendiciones Diarias con Ministerio Campo Adel

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¿Por Qué Cayó Sodoma Según Ezequiel 16:46-58?

  La Biblia revela un nuevo entendimiento sobre la caída y restauración de Sodoma según Ezequiel 16:46-58. Es fácil decir que Dios destruyó Sodoma por su inmoralidad sexual. Es lo que se nos ha dicho desde niños. Pastores, predicadores, y películas lo repiten como una verdad incuestionable. Pero, ¿y si no fue la lujuria lo que condenó a Sodoma? ¿Y si el pecado por el cual Dios la derribó fue otro, uno más común, más humano y más repetido en la historia? El capítulo 16 del libro de Ezequiel no solo desafía la versión tradicional, sino que plantea una restauración sorprendente. Este pasaje no es solo una profecía; es un espejo. Y si lo lees con cuidado, verás reflejado no solo a Jerusalén, sino también a nosotros. Ezequiel 16:46-58 es parte de una extensa alegoría donde Jerusalén es comparada con una mujer adúltera. En este pasaje, Dios habla por medio del profeta Ezequiel y se dirige directamente a Jerusalén, pero el lenguaje y la comparación dejan claro que el mensaje tiene un tono...

Pequeñas Iglesias, Grandes Bendiciones En La Comunidad

 

Photo by Johannes Plenio on Unsplash

¿Te has preguntado alguna vez por qué las iglesias pequeñas pueden ser tan poderosas en sus efectos, a pesar de su tamaño? La Palabra de Dios nos recuerda que "donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20). Esto nos muestra que el impacto de una iglesia no depende de cuántos asientos se llenan, sino de la calidad de las relaciones y el servicio que se ofrece.

Las iglesias vienen en todas las formas y tamaños. Algunas pueden albergar miles de personas en grandes edificios, mientras que otras se reúnen en hogares con apenas un puñado de personas. Aunque puede parecer que las iglesias grandes tienen todas las ventajas debido a sus recursos abundantes, las iglesias pequeñas tienen beneficios que muchas veces son ignorados. Aquí, exploraremos algunas de esas bendiciones que a menudo se pasan por alto en las congregaciones más pequeñas.

Primero, las iglesias pequeñas proporcionan un sentido de familia más profundo y cercano. En una iglesia pequeña, es difícil no conocer a todos los miembros. Las interacciones cara a cara se vuelven comunes, y se crean lazos fuertes y sinceros entre los hermanos y hermanas en la fe. En las palabras del apóstol Pablo: "No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza" (1 Timoteo 5:1-2). 

En una iglesia pequeña, estas palabras se viven diariamente, ya que las generaciones se mezclan, y los niños crecen aprendiendo de sus mayores, mientras que los ancianos disfrutan de la frescura y la energía de los más jóvenes. Este sentido de "familia en Cristo" es un don valioso, y muchas veces, se experimenta con más fuerza en iglesias pequeñas que en aquellas donde es fácil perderse entre la multitud.

Además, las iglesias pequeñas ofrecen mayores oportunidades para el crecimiento espiritual y el servicio. En una congregación pequeña, cada miembro tiene un rol importante que desempeñar. Ya sea en la enseñanza de la escuela dominical, en la predicación o en la dirección de los cantos, todos tienen la oportunidad de servir. El apóstol Pedro nos anima diciendo: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Pedro 4:10). 

En una iglesia pequeña, esto se vuelve una realidad palpable. Dado que el número de miembros es reducido, la rotación de quienes sirven es menor, lo que brinda a los miembros más oportunidades para desarrollar sus dones y habilidades en un entorno de apoyo y familiaridad. Muchos líderes de iglesias grandes comenzaron en iglesias pequeñas, donde aprendieron y crecieron a través de la práctica y el servicio constante.

Por otro lado, en una iglesia pequeña es más difícil pasar desapercibido. Si faltas un domingo, tus hermanos en la fe lo notarán y se preocuparán por ti. Este tipo de apoyo es fundamental para aquellos que pueden estar luchando con debilidades espirituales o desafíos personales. Gálatas 6:2 nos recuerda: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo". 

Las iglesias pequeñas facilitan este tipo de cuidado mutuo y atención personal, lo cual es esencial para la salud espiritual de los creyentes. En un entorno más reducido, los líderes y los hermanos en la fe pueden estar más atentos a los signos de dificultades o de necesidad de ánimo.

A pesar de las muchas bendiciones que traen las iglesias pequeñas, también hay responsabilidades que debemos cumplir para que estas congregaciones florezcan. La primera de ellas es nutrir el sentido de familia, fomentando oportunidades de comunión espiritual y apoyo mutuo. Esto puede incluir la creación de programas de visitación para animar a los débiles o ministrar a los enfermos, así como oportunidades de hospitalidad donde los miembros puedan compartir entre sí fuera del ámbito formal de la iglesia. 

La hospitalidad es un mandato bíblico que fortalece los lazos dentro del cuerpo de Cristo. Romanos 12:13 nos insta a "compartir con los santos en sus necesidades; practicad la hospitalidad". La verdadera hospitalidad trasciende las barreras físicas y fomenta una unidad genuina entre los creyentes.

Es igualmente importante crear espacios donde los miembros puedan crecer en sus habilidades y dones. Las iglesias pequeñas tienen una oportunidad única para ofrecer clases de formación, tanto para hombres como para mujeres, que estén dispuestos a servir en el culto público, enseñar, o predicar. Pablo instruyó a Timoteo en este sentido: "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros" (2 Timoteo 2:2). 

Las iglesias pequeñas, al ser más flexibles, pueden proporcionar una plataforma donde los miembros se sientan cómodos aprendiendo y desarrollando sus talentos, con el apoyo de toda la congregación.

Sin embargo, una de las mayores tentaciones para las iglesias pequeñas es caer en la complacencia. Al disfrutar de los beneficios de una congregación pequeña —la calidez, la cercanía, el ambiente familiar— puede surgir la tentación de no buscar el crecimiento. Pero Jesús nos enseña que debemos crecer, tanto en lo personal como en lo colectivo. En Mateo 13:31-32, Jesús compara el Reino de los cielos con una pequeña semilla de mostaza que, aunque pequeña, crece hasta convertirse en un gran árbol. 

Del mismo modo, las iglesias pequeñas deben aspirar a crecer, no solo en número, sino también en fe y en fruto espiritual. No debemos conformarnos con quedarnos pequeños si el Señor desea más para nosotros.

Dicho esto, las iglesias pequeñas tienen una ventaja significativa en su capacidad para enfocarse en sus fortalezas mientras buscan crecer. Cuando una iglesia pequeña se concentra en sus dones particulares —como la comunidad íntima, el apoyo mutuo, y el desarrollo de líderes—, no solo sobrevivirá, sino que prosperará, eventualmente llevando estas fortalezas a congregaciones más grandes si ese es el plan de Dios.

Es crucial que las iglesias pequeñas no se vean a sí mismas como menos importantes en el cuerpo de Cristo. El apóstol Pablo nos enseña en 1 Corintios 12:22 que "los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles, son los más necesarios". Una iglesia pequeña puede parecer insignificante en comparación con una megaiglesia, pero en el plan de Dios, cada iglesia, independientemente de su tamaño, tiene un propósito y una función esenciales.

En resumen, las iglesias pequeñas ofrecen una serie de beneficios únicos que muchas veces se pierden en congregaciones más grandes. El sentido de familia, las oportunidades para el servicio y el crecimiento, y el apoyo personal son solo algunas de las bendiciones que Dios ha reservado para aquellos que forman parte de estas congregaciones. No obstante, también tienen la obligación de evitar la complacencia y buscar siempre el crecimiento en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

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