Skip to main content

Podcast: Bendiciones Diarias con Ministerio Campo Adel

Featured

¿Por Qué Cayó Sodoma Según Ezequiel 16:46-58?

  La Biblia revela un nuevo entendimiento sobre la caída y restauración de Sodoma según Ezequiel 16:46-58. Es fácil decir que Dios destruyó Sodoma por su inmoralidad sexual. Es lo que se nos ha dicho desde niños. Pastores, predicadores, y películas lo repiten como una verdad incuestionable. Pero, ¿y si no fue la lujuria lo que condenó a Sodoma? ¿Y si el pecado por el cual Dios la derribó fue otro, uno más común, más humano y más repetido en la historia? El capítulo 16 del libro de Ezequiel no solo desafía la versión tradicional, sino que plantea una restauración sorprendente. Este pasaje no es solo una profecía; es un espejo. Y si lo lees con cuidado, verás reflejado no solo a Jerusalén, sino también a nosotros. Ezequiel 16:46-58 es parte de una extensa alegoría donde Jerusalén es comparada con una mujer adúltera. En este pasaje, Dios habla por medio del profeta Ezequiel y se dirige directamente a Jerusalén, pero el lenguaje y la comparación dejan claro que el mensaje tiene un tono...

Controla Tus Palabras, Protege Tus Relaciones Siempre

 Descubre cómo el poder de tus palabras fortalece o destruye tus relaciones.

Photo by engin akyurt on Unsplash

Ramon había tenido un día difícil en el trabajo. Mientras conducía de regreso a su casa, la tensión se acumulaba en su pecho, y al llegar, una pequeña discusión con su esposa se convirtió en un intercambio de palabras hirientes. Las palabras salieron sin control, impulsadas por el enojo. 

Más tarde, mientras reflexionaba, se dio cuenta de cuánto daño podían causar sus palabras cuando no las controlaba. Al recordar la letra de una canción que escuchó en la iglesia, "Palabras airadas, ¡oh, que nunca!," sintió la necesidad de reconsiderar la manera en que usaba su lengua.

El poder de la lengua es innegable. La Biblia nos advierte sobre el poder que tiene sobre nuestro cuerpo y nuestras relaciones. Santiago 3:2-5 nos dice que si alguien puede controlar su lengua, puede controlar todo su cuerpo. De hecho, las palabras que decimos son un reflejo de lo que realmente hay en nuestro corazón, como lo menciona Mateo 12:34-35. 

Nuestra lengua tiene la capacidad de causar mucho bien, pero también de hacer mucho daño. La lengua puede calmar la ira o encenderla, como dice Proverbios 15:1, o puede usar el conocimiento sabiamente o propagar necedades, según Proverbios 15:2. Todo esto nos lleva a una lección fundamental: necesitamos aprender a dominar nuestras palabras antes de que éstas destruyan lo que más valoramos.

Cuando Ramon dejó que el enojo tomara control, rompió un vínculo importante con su esposa. Proverbios 10:19 advierte que en la multitud de palabras no falta el pecado, y Proverbios 21:23 nos enseña que el que guarda su lengua, guarda su alma de problemas. 

Por lo tanto, es vital aprender a restringir nuestras palabras, especialmente cuando estamos en momentos de tensión o enojo. Esto no solo nos evitará problemas, sino que, como menciona Proverbios 17:27-28, incluso nos hará parecer más sabios a los ojos de los demás. La sabiduría radica en saber cuándo callar y cuándo hablar.

Sin embargo, cuando las palabras no se controlan, pueden causar daños irreparables en nuestras relaciones más cercanas. Salmos 55:12-14 describe cómo las palabras mal elegidas pueden convertir a los amigos más cercanos en enemigos. Ramon no quería perder a su esposa por un momento de ira. Reflexionando en esto, decidió que de ahora en adelante, haría un esfuerzo consciente por no dejar que las palabras airadas salieran sin pensarlas.

Por otro lado, cuando usamos nuestras palabras para el bien, el impacto positivo puede ser increíble. Proverbios 16:24 dice que las palabras agradables son como un panal de miel, dulces para el alma y saludables para el cuerpo. Así como una palabra bien dicha puede ser como manzanas de oro en engastes de plata (Proverbios 25:11), nuestras palabras pueden sanar, construir y fortalecer nuestras relaciones cuando son dichas con sabiduría y amor.

La canción que Ramon recordaba también hablaba del valor de la amistad y el amor. Al pensar en su esposa, recordó las hermosas historias de amistad en la Biblia. La lealtad de Rut hacia su suegra Noemí (Rut 1:16-17), la devoción de Jonatán hacia David (1 Samuel 18:1), y el profundo amor de Jesús hacia Juan (Juan 19:25-27). Estas relaciones nos muestran el verdadero valor de la amistad y el amor en nuestras vidas.

Las amistades verdaderas son un tesoro precioso. Proverbios 17:17 nos recuerda que un amigo ama en todo momento, y un hermano nace para el tiempo de angustia. Un verdadero amigo puede ser más cercano que un hermano (Proverbios 18:24). Por lo tanto, es crucial que valoremos estas relaciones y hagamos todo lo posible para mantenerlas. El consejo de un amigo verdadero es más valioso que el elogio de un enemigo (Proverbios 27:6), y debemos aferrarnos a esas amistades con todas nuestras fuerzas (Proverbios 27:10a).

Ramon sabía que su relación con su esposa era sagrada, y que las palabras precipitadas podrían dañarla. Por eso, decidió que su amor por ella debía guiar sus palabras de ahora en adelante. La Biblia nos enseña a amar como Jesús nos amó (Juan 13:34-35). Este mandamiento es nuevo y vital para nuestras vidas. El amor, como se describe en 1 Corintios 13:4-8, es paciente, bondadoso y no se enoja fácilmente. No busca lo suyo propio, no guarda rencor y soporta todo. El amor no falla.

Ramon entendió que el amor que sentía por su esposa debía reflejarse no solo en sus acciones, sino también en sus palabras. A partir de ese día, se comprometió a no dejar que palabras sueltas o enojadas dañaran su relación. Decidió que, sin importar cuán frustrado o enojado se sintiera, sus palabras siempre serían guiadas por el amor y el respeto.

En conclusión, las palabras que decimos tienen un poder inmenso, tanto para bien como para mal. El control de la lengua es fundamental para nuestras relaciones y para nuestra vida espiritual. Como nos enseña la canción "Palabras airadas, ¡oh, que nunca!", debemos aprender a refrenar nuestra lengua y usarla solo para edificar, nunca para destruir. En nuestras relaciones con amigos, familia y, especialmente, en el matrimonio, nuestras palabras deben ser un reflejo del amor que Cristo nos enseñó.

Finalmente, recordemos que el amor y la amistad son dones preciosos que no debemos tomar a la ligera. Las palabras que decimos tienen el poder de destruir o de fortalecer esos vínculos. Que nuestras palabras siempre sean un reflejo de nuestro deseo de mantener y proteger esas relaciones tan valiosas, para la gloria de Dios y el bienestar de quienes amamos.


Popular Posts