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Podcast: Bendiciones Diarias con Ministerio Campo Adel

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¿Por Qué Cayó Sodoma Según Ezequiel 16:46-58?

  La Biblia revela un nuevo entendimiento sobre la caída y restauración de Sodoma según Ezequiel 16:46-58. Es fácil decir que Dios destruyó Sodoma por su inmoralidad sexual. Es lo que se nos ha dicho desde niños. Pastores, predicadores, y películas lo repiten como una verdad incuestionable. Pero, ¿y si no fue la lujuria lo que condenó a Sodoma? ¿Y si el pecado por el cual Dios la derribó fue otro, uno más común, más humano y más repetido en la historia? El capítulo 16 del libro de Ezequiel no solo desafía la versión tradicional, sino que plantea una restauración sorprendente. Este pasaje no es solo una profecía; es un espejo. Y si lo lees con cuidado, verás reflejado no solo a Jerusalén, sino también a nosotros. Ezequiel 16:46-58 es parte de una extensa alegoría donde Jerusalén es comparada con una mujer adúltera. En este pasaje, Dios habla por medio del profeta Ezequiel y se dirige directamente a Jerusalén, pero el lenguaje y la comparación dejan claro que el mensaje tiene un tono...

Cómo Jesús Destruye La Mentalidad Egoísta De Hoy

 

Una persona sentada en un sofá con una caja de cartón sobre su cabeza, transmitiendo una sensación de aislamiento o desconexión.
Photo by Joel Lee on Unsplash

El pasaje de Lucas 9:57-62 revela una lección poderosa sobre el compromiso que Jesús exige de aquellos que desean seguirlo. En estos versículos, vemos a personas que expresan su deseo de seguir a Jesús, pero con ciertas condiciones. En particular, dos personas dijeron: 

"Señor, déjame primero ir y enterrar a mi padre" y "Señor, te seguiré, pero déjame primero despedirme de los que están en mi casa." 

Estas respuestas reflejan una mentalidad de "primero yo" que está en conflicto directo con lo que significa ser un verdadero discípulo de Cristo.

Jesús, en cambio, exige que uno "se niegue a sí mismo" para seguirlo (Lucas 9:23). Esto no se trata de una negación superficial o momentánea, sino de un sacrificio total y continuo de nuestras propias voluntades y deseos. Jesús va aún más lejos cuando dice que uno debe "aborrecer... su propia vida" (Lucas 14:26). Estas palabras, que pueden parecer extremas, nos enseñan que seguir a Cristo requiere una entrega completa, donde nuestros propios intereses deben ser relegados para cumplir con la voluntad de Dios.

En la cultura actual, donde se ensalza la idea de "buscar lo mejor para uno mismo" y "ponerse primero", es fácil que los cristianos caigan en la trampa de la mentalidad de "primero yo". Pero, ¿cómo se manifiesta esto en la vida diaria de un creyente?

Primero, en nuestra asistencia a la iglesia. Las Escrituras nos muestran la importancia de congregarnos con otros cristianos (Hechos 2:42; 20:7; Hebreos 10:25). Sin embargo, muchas veces ponemos nuestros intereses personales por encima de la oportunidad de asistir a los servicios. 

Ya sea que prefiramos salir de recreo, participar en reuniones familiares, asistir a actividades laborales o escolares no esenciales, o simplemente quedarnos en casa viendo televisión, esta falta de compromiso es un claro indicio de la mentalidad de "primero yo".

Además, en nuestra contribución. Como cristianos, se nos instruye a dar conforme a nuestra prosperidad para suplir ciertas necesidades (1 Corintios 16:1-2; 2 Corintios 9:7-9). 

Sin embargo, muchos dan de manera escasa porque desean gastar lo máximo posible en cosas para ellos mismos, o porque no han planificado adecuadamente su contribución al Señor. A menudo, están agobiados por deudas de cosas que no son necesarias, sino lujos. Esta negligencia en dar de nuestra prosperidad también es un signo de la mentalidad de "primero yo".

Asimismo, en nuestro servicio a los demás. Dios nos ha bendecido con dones para servirnos mutuamente (Romanos 12:3-8; 1 Pedro 4:10-11). Como quiera, muchos hacen poco esfuerzo por participar en la obra de la congregación local. Algunos ni siquiera se toman el tiempo para aprender los nombres de los otros miembros, mientras que otros no buscan descubrir el "don" o habilidad que Dios les ha dado. 

Los hombres no asisten a las reuniones de negocios; las mujeres no enseñan clases. Asisten a la iglesia solo para recibir, no para dar de sí mismos. Esta falta de involucramiento es otro signo claro de la mentalidad de "primero yo".

También, en nuestras relaciones familiares. Como cristianos, tenemos deberes hacia los miembros de nuestras familias físicas (Colosenses 3:18-21; Efesios 5:22,25,33). Pero, muchas familias sufren cuando las personas anteponen sus propios intereses a los de los demás. 

Cuando esposos y esposas son egoístas en su trato mutuo, cuando los padres se divorcian sin considerar el impacto en sus hijos, o cuando los hijos no honran y obedecen a sus padres, surgen familias disfuncionales donde reina la mentalidad de "primero yo".

Esta mentalidad no solo perjudica nuestra relación con Dios, sino que también debilita nuestra iglesia y daña nuestras relaciones familiares. Pero, ¿cómo podemos contrarrestar este egoísmo inherente?

La respuesta está en adoptar el principio de "primero los demás", como lo ejemplificó Cristo. Jesús vino a esta tierra porque puso a los demás primero (2 Corintios 8:9; Mateo 20:28). Se nos llama a tener la misma mentalidad o actitud (Filipenses 2:3-8): no hacer nada por ambición egoísta o vanidad, sino considerar a los demás como superiores a nosotros mismos y velar por los intereses de los demás. Jesús nos mostró el camino al poner siempre a los demás primero, y Él desea que sigamos ese ejemplo.

Además, este principio también fue ejemplificado por los macedonios. A pesar de su pobreza, mostraron gran generosidad (2 Corintios 8:1-4), porque primero se dieron a sí mismos al Señor, y luego a los demás (2 Corintios 8:5). 

La mentalidad de "primero el Señor" en lugar de "primero yo" les permitió poner "primero a los demás". Su generosidad continuó en su apoyo a Pablo para predicar el evangelio (Filipenses 4:10-18). Al poner a Dios y a los demás primero, aseguraron que sus necesidades serían suplidas (Filipenses 4:19).

En conclusión, debemos preguntarnos: ¿tenemos la mentalidad de "primero yo"? Si es así, no podemos ser discípulos de Jesús, y tanto la iglesia como nuestra vida espiritual sufrirán. Si deseamos deshacernos de esta mentalidad, debemos adoptar el principio de "primero los demás". 

Este principio se desarrollará a medida que hagamos del "reino de Dios lo primero" (Mateo 6:33). Cuando verdaderamente pongamos el reino de Dios y a los demás antes que a nosotros mismos, el Señor se encargará de que tengamos todo lo que necesitamos (Mateo 6:30-33; Filipenses 4:19).

Este llamado a la abnegación y al servicio es un desafío constante, pero es esencial para ser verdaderos seguidores de Cristo. De ahora en adelante, hagamos un esfuerzo consciente por poner a Dios y a los demás en primer lugar en todas las áreas de nuestra vida, y experimentemos la transformación que esto trae a nuestras almas y a nuestras comunidades.

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